viernes, 30 de octubre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr°. 8, "Origen del primero de mayo"

EDITORIAL

Recuperemos la memoria

El paso del tiempo, unido a la labor de zapa del capitalismo, ha logrado que la población no solo se desmovilice, sino también que olvide su historia. Hoy día, hablar del primero de mayo es hablar de un día meramente festivo, en el cual se sale de procesión sin saberse muy bien por qué.

Es nuevamente la manifestación del problema más viejo de la historia: quien domina y oprime ha de lograr que los oprimidos olviden la resistencia que en su día ejercieron contra el opresor. Esta tarea de exterminio de la memoria histórica la sufre en esta época la clase trabajadora de una manera feroz, buena prueba de lo cual es que la escasa resistencia que hoy se efectúa desde el mundo del trabajo es más escasa, dispersa y atomizada que nunca, no pasando de ser meramente testimonial.

La plutocracia ha logrado semejante éxito por un motivo muy sencillo: ellos SI SABEN cuales son sus intereses. La clase trabajadora, hoy por hoy, no. Para acabar con esta situación no valen manifestaciones y actos simbólicos de este estilo: el primer paso a dar es fomentar entre el pueblo la capacidad de analizar por si mismo la realidad que le rodea, más allá de las mentiras burguesas. Sin esta capacidad de análisis, es decir, SIN CONCIENCIA DE CLASE, no hay nada que hacer: el pueblo, sin ella, sigue siendo una marioneta en manos de titiriteros sin escrúpulos.

El texto de este número es, básicamente, un capítulo del libro de Samuel Yellen “Luchas obreras en América” (incluido en el libro de Michael Horowitz “El anarquismo II: La práctica”, editado por Alianza Editorial), y nos muestra, en definitivas cuentas, cómo el capitalismo logró desactivar, mediante una simple bomba, el surgimiento en EE.UU. de un movimiento obrero combativo consciente de sus intereses como clase. Esta historia se ha repetido, con variaciones, a lo largo de la historia: por eso, no está de más recordar ahora, 110 años después, lo ocurrido en Chicago.





sábado, 24 de octubre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr°. 44: "Muerte accidental de un anarquista"

EDITORIAL

Acerca del trasfondo histórico de la obra

La cáustica genialidad de Dario Fo supo reflejar en la farsa “Muerte accidental…” los oscuros entresijos de un crimen de estado que alcanzó de lleno al movimiento libertario, a saber, la tortura y asesinato del anarquista italiano Giuseppe Pinelli y la simulación de su suicidio a manos de la policía, hecho ocurrido en Diciembre de 1.969.

Aunque el autor nos diga en el prólogo que los hechos reales en los que se basa la obra tuvieron lugar en los años 20 en Estados Unidos, esto solo cabe ser interpretado como una provocativa burla a los poderes ocultos que urdieron el complot contra el anarquismo italiano y a la inverosímil explicación de la muerte de Pinelli que difundieron a través de los medios de propaganda del sistema. De hecho, los acontecimientos, que vamos a ir conociendo por medio de “flash-backs” a través de la soberbia figura dramática del loco (portador de una muy acertada ironía distanciadora), guardan un parecido enorme con la historia real y nada tienen que ver con esa “magia imponderable del teatro” como insiste en hacernos creer el irónico Fo en el prólogo. Así, la descripción de Pinelli es absolutamente fidedigna: trabajador ferroviario, miembro de la FAI italiana y la USI y uno de los militantes mas inteligentes y de más valía en los círculos libertarios de Milán. Por su parte el Comisario Jefe no es otro que el inspector Luigi Calabresi, responsable directo del curioso “suicidio” de Pinelli y que, a su vez, sería dos años más tarde asesinado por un grupo de terroristas neonazis relacionado con las tramas contrainsurgentes de los estados de la “democrática” Europa, grupo entre cuyos miembros se encontraba, por cierto, un mercenario que fue contratado por el estado español para asesinar a diversos miembros de ETA durante la etapa de gobierno de UCD. También se habla de la bomba que estalló en la Banca Nacional de la Agricultura de la Piazza Fontana de Milán de la cual se culpó a Pinelli y sus compañeros de grupo, y de los atentados a diversos trenes así como de la explosión en el Monumento al Soldado Desconocido, todo ello obra de un grupo neonazi dirigido por los servicios secretos italianos para criminalizar y/o provocar al movimiento anarquista. Fo incluso menciona explícitamente a un agente provocador infiltrado en el grupo “Bakunin” de la FAI de Roma, que no es otro que Mario Merlino, terrorista negro y miembro del partido neonazi Avanguardia Nazionale. Y no olvidemos que la osada historicidad de esta obra la pagó Fo muy caro: un grupo de neonazis llegaría a secuestrar y violar a la compañera del dramaturgo.

“Muerte accidental…” es, por tanto, un magnífico documento histórico que pone al descubierto los mecanismos arcanos que subyacían a la sangrienta “estrategia de la tensión” promovida por las fuerzas contrainsurgentes y reaccionarias de la Italia de los trágicos “años de plomo”. Y lo que es más significativo: “Muerte accidental…” es una aguda reflexión sobre los mecanismos de control social y terrorismo de estado en las democracias avanzadas, en las que se alienta desde los poderes gubernamentales  mediáticos la actividad armada de diversos grupúsculos (en teoría disidentes) debidamente infiltrados y dirigidos por los servicios secretos para, de este modo, justificar la represión al genuino movimiento revolucionario y, al mismo tiempo, ganarse el apoyo de una sociedad sumida en el miedo y la ignorancia. Tal fue el caso de la utilización por parte del estado italiano de las Brigadas Rojas con fines contrarrevolucionarios, estrategia ésta que se ha reproducido siguiendo esquemas similares en distintas partes de globo (en Argelia con el GIA, en Palestina con Hamas, etc.) en las que el juego de intereses económicos dan cuerda al secreto mecanismo de contrainsurgencia contemporánea. El tema que aborda Fo en la obra no ha perdido, por tanto, ni un ápice de vigencia, especialmente si tenemos en cuenta que el mismo estado español no es en modo alguno ajeno a este tipo de mecanismos… Pero ese es un tema que trataremos en otro número de “Amor y Rabia” con profundidad.

En resumen, la lectura de “Muerte accidental…” es altamente recomendable tanto por la elevada calidad artística de esta desternillante e ingeniosa farsa como por el valor formativo que presenta esta obra para aquellos/as que luchamos a diario contra esa mentira moderna llamada “estado democrático”.


jueves, 15 de octubre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr°. 20: "Cárceles"

Editorial

COMO ARMA: EL DESPRESTIGIO

El sistema actual de democracia controlada nos tiene acostumbrados a diversas manifestaciones de confusionismo de términos y a la pérdida de los significados de los mismos. A través de los medios de control de masas (véase radio, televisión, prensa y lo que les quede por inventar) a menudo podemos escuchar, por ejemplo, la palabra “Anarquía” aplicada a una situación desastrosa, en la que nadie sabe como actuar (gente en el interior de un edificio en llamas presa de la histeria, o los momentos inmediatamente posteriores al estallido de una bomba) y la palabra “radical” como algo violento, extremista (cuando lo que se lleva es la moderación), en lugar de una actuación que ataca la raíz del problema, que es su verdadero significado. Este tipo de confusionismo forma una pequeña parte de los métodos pasivos de sometimiento de la población utilizados por las élites en el poder. El desprestigio de las ideologías que verdaderamente podrían dañar al capital es utilizado hoy en día como arma para mantener dividido al pueblo y evitar su organización, que tanto daño les hizo en otra época. Pero cuando en una ideología peligrosa para ellos hay conceptos clave que no pueden desprestigiar, puesto que son valores primordiales en el ser humano, entonces se recurre a la confusión. Uno de los ejemplos más claros de este tipo de actuación lo tenemos en las manifestaciones por la libertad de Ortega Lara. ¡LIBERTAD!, esa es la palabra clave. Constantemente se oyen declaraciones de los políticos de turno aludiendo a esa palabra como un derecho primordial de todo ser humano, y que por tanto privar de él a alguien es un crimen espantoso, incluso una tortura. Sobre esto hay que reflexionar: ¿Acaso los innumerables presos que el Estado oculta en las cárceles no son seres humanos? ¿O es que cualquier crimen legislado con penas de cárcel (véase la insumisión) es tan terrible como para privar del derecho a la libertad? Es denigrante observar la hipocresía del dichoso lazo azul, o las manifestaciones a las puertas de las cárceles, burla cruel del encierro “legal” que sufren sus “inquilinos”. Otro interrogante a tener en cuenta es la cacareada libertad que se vive en las democracias, en las que los cuerpos represivos, los medios de comunicación, la educación, los grupos fascistas, el paro, etc… son medios de control por parte del Estado para que no se nos suba a la cabeza esa idea de libertad y vayamos a pensar que se trata de vivir sin amos, en comunidades solidarias, eliminando falsas creencias, recibiendo todo lo que produce nuestro trabajo, respetando la naturaleza y a todas las criaturas que la comparten con nosotros, construyendo juntos un mundo mejor.

A todo esto, creemos necesario dar a conocer la imagen real del “pobre secuestrado”: José Antonio Ortega Lara, militante del Partido Popular, “trabajaba” como carcelero (el eufemismo “funcionario de prisiones” raya en lo cómico) de presos denominados FIES (ficheros internos de especial seguimiento) que se caracterizan por su oposición frontal a la sumisión/militarización que supone el sistema penitenciario, y por las numerosas torturas y vejaciones a las que son sometidos. En este número hemos intentado denunciar esta inhumana situación, al igual que ya hicimos en el número 10, publicando cartas escritas por quien lo sufre diariamente. Si lo tienes a mano te invitamos a que lo eches un vistazo, y luego reflexiones sobre todo lo dicho anteriormente.



jueves, 8 de octubre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Wespenstich Nr.2 (22.12.1998)

Este segundo (y último) ejemplar de Wespenstich contiene un artículo sobre la lucha de la extrema derecha religiosa en EEUU contra el derecho al aborto continúa la trayectoria del número anterior con un artículo sobre la importancia del anarcosindicalismo en Nuremberg durante la república de Weimar en la lucha por el derecho al aborto y por una reforma sexual, y un artículo de discusión ideológica. Todos los artículos son de "producción propia"




miércoles, 7 de octubre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr°. 22: "La conquista del pan", de Kropotkin

Kropotkin y el apoyo mutuo

por Julián Vadillo Muñoz

Las ideas socialistas del siglo XIX conllevaban en su cuerpo doctrinal la cooperación, el entendimiento y el apoyo entre semejantes, como factor diferenciador del modelo económico capitalista basado en un exceso de individualismo y de búsqueda de un beneficio propio.

Algunos utopistas ya lo habían marcado en los periodos previos al desarrollo industrial, pero fue con el desarrollo del primer socialismo cuando estas teorías comenzaron a ser profundizadas. Charles Fourier, en su doctrina social del falansterio hablaba de la necesidad de un armonismo social, tomando como base el trabajo cooperativo y no competitivo, que repercutiese en un interés social y de conjunto, pero no un beneficio monetario individual. Este armonismo lo copiaba Fourier de su observación en algunas especies animales, como castores, abejas y hormigas, donde es la cooperación mutua lo que mueve a esas especies en numerosos momentos. Este modelo del falansterio fue llevado a la práctica en algunos lugares, donde un entorno hostil los hizo fracasar.

El máximo representante de la corriente cooperativa fue el socialista británico Robert Owen, que estimó que, frente al modelo capitalista, la teoría cooperativa se tenía que basar en el mayor bienestar general de los productores.

Tanto Fourier como Owen estimaban que estos modelos se tenían que realizar en grupos acotados de individuos para que pudieran funcionar, ejemplificando al resto de esa mejor organización y que la transformación social se produjese por mimetismo. Una opción que fue superada por el socialismo de la segunda mitad del siglo XIX.

El desarrollo de un capitalismo mucho más sofisticado, que pasó de una producción reducida a una producción industrial precisaba de una respuesta distinta por aquellos que ponían en duda su modelo económico. Es el momento de las aportaciones de Karl Marx o Mijaíl Bakunin al movimiento socialista internacional, donde se pretendía la construcción de grandes organizaciones de trabajadores que promoviesen transformaciones revolucionarias a gran escala.

Piotr Kropotkin

En ese contexto apareció la figura de Piotr Kropotkin. Este había nacido en Moscú en 1842, en una familia aristocrática muy cercana a la corte del Zar. Aunque inicio una carrera militar, Kropotkin se interesó desde muy pronto por la ciencia y comenzó sus estudios de matemáticas y geografía en la Universidad de San Petersburgo. Su buen hacer como geógrafo le valió becas de estudios lo que hizo que viajase a lugares como Finlandia o Suecia.

Comenzó a conocer las ideas opositoras al zarismo y muy pronto Kropotkin pasó a engrosar las filas revolucionarias y socialistas. Aunque en un primer momento se sintió atraído por el marxismo posteriormente fue conociendo profundamente el anarquismo, del que se convirtió en uno de sus principales teóricos. Perteneció a la Primera Internacional, que tras su disgregación en 1872 siguió siendo un referente, pues una de las ideas fundamentales de Kropotkin era poder aunar en una misma organización al movimiento socialista.

Sus visiones del anarquismo, al que consideraba una filosofía y modo de vida natural, le van convirtiendo en una referencia internacional a través de escritos que va dejando en periódicos como La Révolté o en iniciativas impulsadas por él mismo como Freedom.

Acusado por sus detractores como uno de los auspiciadores de la violencia anarquista del periodo finisecular, en realidad Kropotkin no contemplaba la acción terrorista como estrategia de acción revolucionaria sino la organización efectiva de aquellos que querían una transformación social profunda. Del periodo final del siglo XIX destacan sus grandes obras: La conquista del pan, Campos, fábricas y talleres o El Apoyo Mutuo. Muchas de estas aportaciones comenzaron como artículos para la revista Nineteenth Century. Aportaciones que confirieron a la explicación del anarquismo un concepto científico y que abarcaba todos los espacios sociales.

Kropotkin, favorable a la transformación revolucionario y uno de los principales pilares desde el exterior a los organismos anarquistas en la Revolución de 1905 en Rusia, fue polémico cuando con el estallido de la Primera Guerra Mundial se mostró favorable a una victoria de los ejércitos de la Entente frente al militarismo alemán y austrohúngaro. Firmante en este sentido del Manifiesto de los 16 (junto a otros anarquistas como Jean Grave, Charles Malato o Vaarlam Cherkeshov) no contó en esta ocasión con el apoyo de un movimiento anarquista internacional que mantuvo firme en su crítica a la guerra.

El estallido de la Revolución rusa de 1917 le hizo concebir la esperanza de un pronto final del capitalismo internacional. Volvió a Rusia y desde allí escribió en favor de la revolución y criticó medidas del gobierno bolchevique, que siempre respeto mucho la figura de Kropotkin como histórico del movimiento obrero internacional. Murió en Dmitrov el 8 de febrero de 1921.



El Apoyo Mutuo

Para Kropotkin encontrar un fundamento natural que diese una justificación al anarquismo fue una tarea fundamental. Como científico, Kropotkin fue un observador de la naturaleza y de su entorno, lo que llevó a experimentar para poder sacar conclusiones. En la revista Nineteenth Century, Kropotkin escribió para debatir con los darwinistas, que hablaban de la lucha constante de los animales. Por el contrario, Kropotkin estimaba que esos animales, a pesar de la lucha, también ejercía el apoyo mutuo como factor de sociabilidad lo que permitía, en realidad, a las distintas especies sostenerse y evolucionar.

En contexto donde las teorías de Herbert Spencer tenían mucho eco en la sociología y la biología, se llamó a Kropotkin para que realizará aportaciones en la línea de la respuesta a los darwinistas, pero llevado a los seres humanos y no a los animales. De la serie de artículos que escribió Kropotkin salió una de las obras referencias para el movimiento anarquista internacional: El Apoyo Mutuo. Un factor de la evolución.

En esta obra, Piotr Kropotkin coge dos ejes básicos para justificar su teoría: la biología y la historia. Kropotkin, reconociendo la lucha entre especies, habla de como en algunas de esas especies se desarrolla un concepto de apoyo mutuo que permite la supervivencia de esta y su evolución. No solo lo lleva a insectos como las hormigas o las abejas (factor que también hará Maurice Maeterlinck), sino a otras especies animales como aves, monos, etc.

Poteriormente, estos ejemplos los lleva Kropotkin a los seres humanos, donde pone ejemplos prácticos de la ayuda mutua en las sociedades primitivas, en la sociedad medieval, en la sociedad moderna, etc. Instituciones, territorios, ayuda entre iguales, etc. Cuando esa armonía se rompe y surge la lucha sin cuartel es cuando la sociedad no evoluciona, sino que muta a los intereses de aquellos que quieren dominar.

Pero, aunque Kropotkin habla de la historia y de esos momentos de apoyo mutuo en la humanidad, el anarquista ruso no habla de una vuelta a esos conceptos medievales, cosa imposible en todos los sentidos, sino que el concepto se adapte en el momento que le tocó vivir y consolidar una alternativa social que tenga como eje estructural esa ayuda mutua. Si ha sido un factor de evolución positivo y la sociedad libertaria es la alternativa al modelo social capitalista, ese apoyo mutuo tiene que presidir las relaciones entre los humanos. Además, en los momentos difíciles esa solidaridad y apoyo mutuo es un factor fundamental y único a la hora de poder superar las adversidades sociales.

Con ello, Kropotkin da una pátina de cientificismo a la teoría anarquista y a su concepto de organización social. Para el anarquismo se convirtió en un elemento central de su doctrina intentado mostrar que era una cuestión trasversal a toda sociedad.

Corren tiempos en la actualidad donde es interesante y necesario revisar a Piotr Kropotkin.



viernes, 2 de octubre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Wespenstich Nr.1 (11.11.1998)

Wespenstich es una publicación fruto del éxodo de parte de quienes formaron parte de Amor y Rabia; el editor es quien se encargó de publicar la revista en su primera etapa, hasta su marcha a Alemania. Gracias a un grupo de personas que decidieron hacerse cargo de la revista Amor y Rabia, esta se siguió publicando; en esta segunda etapa, la revista se profesionalizó: ISBN, suscripciones, repartos por toda España, y material casi exclusivamente propio son testigos de ello. Entre tanto el anterior editor, tras adaptarse al nuevo país, empezó a editar publicaciones de propaganda anarquista y anarcosindicalista. En este caso se trata de Wespenstich, órgano de una FAU inexistente por aquellas fechas en Nuremberg, parte del esfuerzo de poner en marcha el sindicato en la capital de Franconia.

El contenido, todo de "fabricación propia", consiste en una presentación, dejando claro que el objetivo es crear una agrupación local de la FAU en Nuremberg; un artículo sobre la importancia de Nuremberg en la historia del movimiento anarcosindicalista alemán, y por último un artículo de discusión ideológica.




miércoles, 30 de septiembre de 2020

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr°. 26: "Siete domingos rojos", de Ramón J. Sender

Opiniones y recuerdos de R. J. Sender

(Extracto del libro de Marcelino C. Pañuelas, Conversaciones con R. J. Sender)

En Madrid, a los diecisiete años. Estudios. Privaciones.

-Háblame de ti… Algo de tu adolescencia.

-Me escapé de casa a los diecisiete años. Había peleado con mi padre y me escapé de casa. Y desde el mes de marzo de 1918 hasta mayo o junio estuve sin domicilio en Madrid. Dormía en el retiro, en un banco. Toda mi hacienda consistía en un peine y un cepillo de dientes. Como aun no tenía barba no necesitaba afeitarme. Me lavaba en una fuente renacentista de mármol que estaba en el Retiro, en lo que entonces se llamaba la Hoya, cerca de la puerta de la calle de Alfonso XII. Y en las duchas del Ateneo, a donde iba diariamente a escribir cartas, artículos y cuentos. Porque aunque parezca extraño vivía de la pluma. No me daba para domicilio, pero si para alimentarme.

-Lo pasarías muy mal. ¿Comías lo suficiente?

-Pues, hombre… La prueba es que sobreviví.

-Por entonces asistías a la Facultad de Letras, ¿no?

- Era el primer año que fui a la universidad. Fue el año de la gripe, el de la famosa epidemia europea. Y se cerraron las universidades desde el mes de enero hasta fin de curso por la gripe.

Epoca de la monarquia y la republica

-Dime algún recuerdo concreto de los tiempos de la conspiración contra la monarquía.

-Pues hombre… Hacia 1930 andábamos en conspiraciones y tuve algún incidente con Alcalá Zamora. Recuerdo una noche en su casa del Paseo del Cisne. Habíamos discutido antes, aunque nunca en el terreno personal. Aquella noche yo representaba a algunos grupos de acción. Solíamos ponerle condiciones en nombre de los sindicatos y teníamos con la autoridad porque éramos los que hacíamos las cosas. Pero nos tenía recelo y miedo. Digo miedo político. Aquella noche, con la mano abierta en el aire, me dijo: “No me pidan ustedes nada, porque…” Y comenzó a hacer consideraciones jurídico-morales de esas en las que suelen abundar los abogados-políticos. Yo le interrumpí diciendo: “pero señor Alcalá Zamora, lo único que le vamos a pedir nosotros cuando quede implantada la república es que nos blanquee las celdas de las cárceles, porque nos van a meter ustedes allí otra vez”.

-¿Qué era entonces Alcalá Zamora?

-Presidente de un comité republicano.

-Y tú serías muy joven entonces.

-Pues no sé… Tendría unos veintisiete años.

-¿Pertenecías a algún partido o grupo?

-No, a la Confederación Nacional del Trabajo. Yo era un elemento de enlace entre la Federación Local de Sindicatos de Madrid y la Confederación Regional de Cataluña. Más de una vez se ha hecho una huelga general en Cataluña con la orden que yo telefoneaba por clave. La recibía Progreso Alfarache, secretario entonces de Solidaridad Obrera, cuyo director era Peiró. Ya murieron los dos. A Peiró le fusilaron en Valencia y Progreso Alfarache murió hace poco en México.

-Te meterías en muchos líos. ¿Cuántas veces estuviste en la cárcel?

-¡Oh! Una sola. Aprendí pronto los tientos de la conspiración y no me volvieron a atrapar.

-¿Cuánto tiempo estuviste en la cárcel?

-Unos tres meses…

-Por entonces escribiste Imán, ¿no? Yo he oído decir que lo escribiste en la cárcel.

-No, no. Eso sería romántico, pero tampoco es verdad. Lo escribí después de salir de la cárcel.

-Tú no perteneciste entonces a ningún partido político…

-No, nunca.

-Pero te atraía algo, en términos generales, el socialismo ruso, ¿no?

-Sí. En aquella época… Durante algo más de un año estuve trabajando muy cerca de ellos, casi como si fuera miembro del partido. Pero no lo fui nunca. ¿Cómo podría serlo?

-Te repugnaría, naturalmente, el régimen totalitario.

-No había nada de veras revolucionario en ellos. Ni siquiera marxista. En su acción revolucionaria la Confederación nacional del Trabajo era más marxista que ellos. Cuando me di cuenta de eso me decepcioné. Ellos ya lo esperaban.

-Luego, con la república…

-En el tiempo al que me refiero había venido ya. Los dirigentes de la república eran muy débiles y cuando probaban a ser fuertes actuaban contra el pueblo. Se debía a que la mayor parte habían sido educados bajo la monarquía y trataron de ser ministros con el rey. Alcalá Zamora lo fue. Azaña lo habría sido si hubieran ofrecido el poder a su partido reformista.

-No tenían, según tú, nada de revolucionarios.

-No, nada.

-¿No se salva nadie, en tu opinión?

-Nadie.

Casas viejas

-Lo de Casas Viejas, tu reportaje de los incidentes, fue una especie de “yo acuso”, ¿no?

-Sí. Eso costo a Azaña el poder. Tuvieron que dimitir y vinieron los de Lerroux. Luego, en sus círculos, me acusaban a mi, como si yo fuera el culpable.

-Al parecer tu denuncia trajo serias repercusiones políticas.

-Se publicó primero en crónicas en La Libertad, y luego en un libro. Yo intervine voluntariamente en el declinar republicano al denunciar los hechos de Casas Viejas con pelos y señales. Por cierto, jugándome la piel, porque fui a Casas Viejas y los reaccionarios querían incendiar la casa donde dormía. La guardia civil, que en aquel desventurado episodio se condujo noblemente, me respetó y protegió. No habían tenido parte en la represión, que fue cosa de los guardias de asalto. Debo hablar bien de la Guardia Civil, y lo hago con gusto. Yo denuncié los hechos, como te digo. Se levantó una gran polvareda y el gobierno de Azaña tuvo que dimitir. La verdad es que una república que era capaz de hacer lo de Casas Viejas no podía sobrevivir.

-¿A qué crees tú que se debieron los errores fundamentales de los políticos republicanos?

-Eran casi todos hombres de estructura monárquica y tradicionalista, como le he dicho, y habrían sido muy buenos ministros con el rey.

La guerra civil

-Tu mujer murió al principio de la guerra, según dices en contraataque.

-A mi mujer la fusilaron, en Zamora, el 10 de octubre del año 1936. Yo me enteré de esto en enero de 1937, cuando me trajeron la noticia. Al quedar mis hijos desamparados en Zamora quise ir a recogerlos, el gobierno me dio permiso y fui a Francia.




Sender y el anarquismo

-En tu juventud sentías gran simpatía por el anarquismo, ¿no?

-Si, desde muy joven, desde casi la adolescencia. En España, el que a los veinte años no es anarquista es que es tonto. Yo admiraba a algunos anarquistas. Ascaso. Durruti. Escartín, que era muy amigo mío, y algunos otros. Hacían cosas espléndidas.

-¿Qué edad tenías entonces?

-Unos veintisiete años, al final de la Dictadura. Entonces yo comenzaba a sentirme decepcionado por la falta de sentido práctico de los anarquistas. Había una desproporción enorme entre el heroísmo que derrochaban y la falta de eficacia de lo que conseguían.

-¿Te separaste del grupo anarquista porque no estabas de acuerdo con la violencia, con los asaltos de bancos y demás?

-¡Ohm no! Eso no. Con eso estuve siempre de acuerdo. Yo creo que cuando un régimen es despótico, como la monarquía de entonces, el único recurso que queda es la acción violenta. De modo que eso me parecía bien. Y yo continuaba cerca de Solidaridad Obrera y de la C. N. T. Más tarde me acerqué a los comunistas. Pero la aproximación duró poco.

-¿Cuándo vuelves a separarte, a distanciarte de los comunistas?

-De los comunistas, inmediatamente de comenzar la guerra. Yo vi que empezaban a matar trotsquistas, y los trotsquistas eran amigos míos, gente mejor que ellos. Y no eran trotsquistas, reamente. Era gente del P. O. U. M., el Partido Obrero de Unificación Marxista de Cataluña, que la gente decía que eran trotsquistas, pero se habían distanciado ya de Trotsqui. Yo hablé con Trotsqui de eso más tarde, en México, y Trotsqui hablaba mal de ellos. Trotsqui era un pedante de la revolución, un académico de la revolución, que no había salido todavía del año 17, de octubre de mil novecientos diecisiete. Y era de una vanidad pequeño-burguesa increíble. Eso es lo que le perdió y le causó la muerte, porque tenía dos o tres aduladores alrededor que le llamaban maestro, y el se abandonaba y confiaba. Recuerdo la primera vez que estuve con Trotsqui. El había leído libros míos en ruso, lo que demuestra que era un buen político a quien no le pasaba desapercibido nada. El primer día que hablé con el me preguntó quien era el autor del prólogo de uno de mis libros, cómo pensaba, cómo vivía, etc. Y estaba tomando notas. Porque vio por la manera de escribir que no era un adicto incondicional de Stalin.

-Entonces vino la época de la sangrienta persecución de qe hablas de forma bastante clara en Ariadna, ¿no?

-Sí. Yo siempre he tenido amigos cerca de los sitios clave. Y en esa ocasión, como más tarde en México y en Nueva York, no faltaba alguien que viniera a avisarme. Y me dijeron que había una lista de enemigos irreconciliables de Stalin. En esa lista estaba yo. Y claro, yo planteé la cosa un día que atrapé a tres o cuatro juntos en el quinto regimiento, entre ellos a… Bueno, no quiero dar nombres. Planteé la cosa directamente. Y me salvé un poco de milagro. Y se salvó un escritor cuyo nombre no digo porque vive todavía, a quien se quisieron cargar. Hubo cosas siniestras. Lo curioso es que toda aquella gente que iba a a eliminarnos a nosotros, los intelectuales discrepantes, a todos, sin una sola excepción, los fusilaron al volver a Rusia. Pobre gente. Stalin decidió que eran peligrosos porque llevaban consigo costumbres occidentales y tenían secretos sobre su política. Stalin era un paranoico.

-Pero tu, en vez de disimular y escurrir el bulto, has escrito en Los cinco hilos de Ariadna cosas tremendas del terrorismo comunista. Lo has dicho todo. ¿No te ha ocasionado eso ningún peligro?

-Pequeñas molestias. Cuando doy conferencias, siempre hay en la última fila cinco o seis burócratas que van a tratar de confundirme. Hablan entre sí, me miran y sonríen, ríen a carcajadas… La primera vez me impresionó un poco. Pero después ya sé lo que pasa y no me inmuta. Es un truco femenino del cual ya habla el Arcipreste de Talavera en el Corbacho… Que hagan ahora burócratas del partido comunista lo mismo que hacían las mujeres en tiempos del Arcipreste de Talavera no es muy revolucionario que digamos. Pero así es todo. Espero que un día me dejen en paz. Las cosas hoy van cambiando.

-El acontecimiento que más influencia ha tenido en tu vida ha sido la guerra civil, ¿no es así? Bueno, eso es natural. Pero ¿crees que después de la guerra has cambiado de dirección, que escribes de forma distinta?

-Dejé de escribir una literatura de combate inmediato para escribir una literatura, por decirlo de un modo un poco absurdo, de iluminación.

-Desde luego, en un nivel social. ¿Con ramificaciones políticas?

-No. No creo. Yo no he estado nunca en ningún partido.

-Ramificaciones políticas en el sentido más amplio de la palabra.

-No. Lo político es lo que se pueda referir a los intereses de un partido que busca el poder. Y no hay nada de eso.

-Pero yo usaba el término en un sentido mucho más amplio.

-No lo veo. Lo político es lo político.