sábado, 22 de febrero de 2020

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr. 64: "El Estado y la Mafia"

Primer número de la revista Amor y Rabia publicado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, incluye el siguiente editorial, en respuesta a los nuevos intentos de criminalizar el anarquismo:

Editorial: en defensa del anarquismo

Después de los atentados del 11 de septiembre ocurridos en los Estados Unidos, se han ido publicando en los medios de propaganda de este país una serie de «críticas colaterales» hacia el anarquismo.
Así, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, en la carta del director de ese diario publicada el 16 de septiembre escribía lo siguiente: «No es una casualidad que Barbara Tuchman bautizara como La Torre Orgullosa (The Proud Power) su libro sobre la confiada sociedad liberal que cruzó el puente entre los siglos XIX y XX aferrada a su fe en el conocimiento científico y el progreso tecnológico que habían hecho posible la revolución industrial, para darse de bruces con un movimiento tan aparentemente incomprensible como el anarquismo que propugnaba la propaganda de la Idea mediante el Hecho y tenía por mesías a la Bomba.»
Comencemos por aclarar que la propaganda por el hecho a la que se refiere Pedro J. R., a pesar de la concepción que se ha ido desarrollando a lo largo de los años, no es sólo el acto de poner una bomba. Era un acto de coherencia con lo que se difundía, y que se podría incluir en lo que hoy denominamos acción directa. Felix Ga. Moriyón distingue tres rasgos fundamentales en ella: «carácter ejemplar de la acción, en el sentido de cuestionar profundamente algunos de los pilares sustanciales del sistema; implicación directa de los directamente afectados por la lucha, sin delegaciones ni presencia de vanguardias dirigentes; vinculación del hecho propa - gandístico a una lucha social más amplia.» (1)
En otra parte del artículo, continúa así: «Como los hombres bomba de ahora, los magnicidas de hace un siglo iban decididos a la muerte (...) convencidos de que con su sacrificio, y el de cuantos burgueses se les pusieran por delante, desencadenarían la revolución mundial que conduciría hasta la sociedad no ya sin clases, sino sin gobiernos ni organización alguna.»
Mentira por omisión: los magnicidas no eran, ni mucho menos, todos anarquistas. El magnicidio no era exclusivo de los anarquistas, sino más bien una característica en las luchas sociales de finales del siglo XIX, empleada por republicanos, católicos, nihilistas, demócratas, anarquistas,... Alexander Berkman lo expone claramente en su libro «El ABC del comunismo liberta
rio». (2)
Y otra mentira que aparece al final, l@s anarquistas no se oponen a todos los tipos de organización, pues la gran mayoría de ell@s han defendido siempre la libre asociación de los individuos como la mejor forma de organización entre iguales y libres.
El artículo sigue más adelante: «Curiosamente el gran profeta de aquel movimiento también era un hombre de barba majestuosa, también tenía título de príncipe y también era un producto del orden que anhelaba destruir. No sólo la benevolencia del paso del tiempo y su condición de geógrafo eminente distinguen, en cambio, a Peter Kropotkin de Osama Bin Laden. Fiel a su credo, el 
uno nunca encabezó red alguna, (...).
Bin Laden no tendría, sin embargo, que cambiar ni una sola de las palabras de Kropotkin si quisiera reivindicar los atentados del martes en armonía con su trayectoria: "Un solo Hecho es mejor propaganda que mil panfletos... Las palabras se pierden en el aire como los sonidos de las campanas de las iglesias. Los actos son necesarios para excitar el odio hacia los explotadores, ridiculizar a los Mandatarios, mostrar sus debilidades y sobre todo y siempre, despertar el espíritu de la revolución»".
Anteriormente, hemos explicado lo que significaba y significa la propaganda por el hecho, por tanto el uso de la cita de Kropotkin manifiesta la mala voluntad de este periodista. Además, tan conocedor como parece de la vida de Kropotkin, ¿por qué no escogió este otro párrafo: «Afirmamos que la venganza no constituye un fin en sí misma; a fe que no lo es, pero sí es humana, y todas las revueltas habidas y por haber continuarán ostentando ese rasgo. En realidad, nosotros no hemos sufrido las persecuciones de las que han sido objeto los trabajadores; nosotros, que al amparo de nuestras casas, nos ais - lamos de los clamores y de la visión del sufrimiento humano, no podemos erigirnos en jueces de los que viven en medio de este infierno de pesadumbres... Personalmente, detesto estas explosiones, pero no puedo adoptar la actitud de un juez para condenar a los que son víctimas de la desesperación... Una sola cosa es cierta, y es que la venganza no debe elevarse a la cate - goría de doctrina. Nadie tiene el derecho de incitar a otros a vengarse, pero si el que siente en su carne todo este infierno comete un acto de desesperación, que le juzguen los que son sus iguales, los que con él soportan la carga de los sufrimientos del paria» (3)? O bien, está otra: «El terrorismo es siempre una forma de gobierno.» (4)
Por otro lado, el historiador Hugh Thomas, capaz de hacer declaraciones tan increíbles y contradictorias como «Lo que sucedió [en España] entre febrero y julio de 1936, es decir, por qué ocurrió lo que ocurrió, es para mí un enigma» (5) y «siempre he sido respetuoso con la historia» (6) [Recordemos que tiene escrito un libro sobre la Guerra Civil Española], hizo una sorprendente comparación entre los talibanes de hoy día y l@s anarquistas de la Guerra Civil. El País recoge dicha comparación: «Las frases que levantaban y animaban a los activistas anarquistas en los años treinta contra la burguesía son iguales a las que sirven hoy a los fundamentalistas islámicos para cometer crímenes
», según el historiador. Thomas puso algún ejemplo. «Aquella que decía: ‘No tenemos miedo a las ruinas, vamos a heredar la Tierra. Traemos un mundo nuevo en nuestros corazones’. Esa sentencia clave del anarquismo español sirve también a los talibán.» (7)
La frase de Durruti de la que Hugh Thomas hace mención ha sido descaradamente descontextualizada, recordemos que esa frase estaba incluida en unas declaraciones que B. Durruti hizo al periodista Von Passen. Eran las siguientes: «(...) no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos las ciudades... ¿Por qué no vamos a construirlas de nuevo y en mejores condiciones, para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos asustan. Sabemos que esa es nuestra herencia, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia». (8) Y a continuación, estaría la frase citada por Thomas. ¿Realmente estas declaraciones les sirven a los talibanes?
Dejando a un lado esta manipulación de la historia, la analogía que Thomas propone resulta bastante simplista, sobre todo si analizamos cuáles son los motivos y las actuaciones que impulsaron e impulsan en su día a l@s anarquistas y hoy a los talibanes. Mientras que a l@s anarquistas de hace más de medio siglo les movía la consecución de una sociedad libre e igualitaria, donde hubiera desaparecido la opresión de cualquier clase, a los talibanes de hoy ven como mayor logro el estar al servicio de Alá o alcanzar el poder y mantener lejos a los «infieles» a través de la «yihad» o muriendo en ella.
La comparación es fundamentalmente superficial y no puede ser más que una crítica maliciosa contra el anarquismo, dado que su procedencia no es otra que la de un reconocido «estudioso» de un periodo clave en la historia de España y del anarquismo. 

Siguiendo con esta serie de críticas John Le Carré, en un artículo publicado por El País (9), aseguraba lo siguiente: «Al difunto Bakunin, evangelista del anarquismo, le encantaba hablar de la propaganda por el Acto. (...) Bakunin en su tumba y Bin Laden en su cueva deben de estar frotándose las manos mientras nos embarcamos en un proceso tan caro a los terroristas de su calaña: duplicamos a toda prisa nuestras fuerzas policiales y de inteligencia y las dotamos de más poder, suspendemos derechos civiles básicos y limitamos la libertad de prensa, imponiendo puntos negros informativos y una censura secreta, nos autoespiamos y, lo que es peor, violamos mezquitas y acosamos en la calle a pobres ciudadanos porque nos da miedo el color de su piel.»
Afirmar que a Bakunin le encantaba hablar de la pro paganda por el Acto es una gran mentira y una muestra más de manipulación histórica. Bakunin murió en 1876, y en 1881, en el V Congreso de Londres del sector antiautoritario de la Internacional es cuando se adoptó la propaganda por el hecho como método de acción, incluyendo las connotaciones relacionadas con el uso de la violencia terrorista. También, hemos de señalar que este tipo de prácticas violentas no fue asumida por todos los anarquistas.
El párrafo anteriormente citado también presenta una característica importante: una manipulación asombrosa sobre la responsabilidad en nuestros actos. Parece ser que Bakunin y/o Bin Laden son los culpables de todo lo que hacemos ocultando dos cosas fundamentales. La primera es que los principales responsables de nuestros actos somos nosotr@s mism@s, y la segunda es que muchas de las cosas que dice que hacemos, en realidad, las lleva a cabo el poder político y económico, no nosotr@s. Así de fácil se transmite la idea de que no tenemos nada que hacer ante los hechos que ocurren a nuestro alrededor. No podemos desembarazarnos de nuestras responsabilidades porque otras personas actúen de forma que afecten a nuestras vidas.
Hasta el mismísimo José Ma. Aznar se atreve a hacer reflexiones en contra del «socialismo libertario», que dice defender José Luis Rodríguez Zapatero (!!!): «las ideas socialistas nunca son válidas, pero menos aún cuando se las disfraza de antiglobalización, multiculturalismo o de socialismo libertario, que ya son ganas de tomarle el pelo a la gente». (10)
Si ya de por sí las palabras en boca de l@s polític@s tienen poco significado y valor, ante estas declaraciones vemos el vacío en los discursos de estos dos «líderes» políticos.
Resulta curioso que en estos artículos haya varias comparaciones entre el anarquismo y el fanatismo religioso o elementos religiosos: «...el anarquismo (...) tenía por Mesías a la Bomba.»; el gran profeta del anarquismo es Kropotkin y éste es fiel a su credo cuando no encabeza organización alguna; y, por último, Bakunin fue un evangelista del anarquismo. Es intrigante conocer la razón que puede llevar a hacer este tipo de comparaciones, sobre todo si tenemos en cuenta que el anarquismo, en líneas generales, fue y es un movimiento ateo y que luchó y lucha contra las imposiciones que van asociadas a las religiones, pues éstas tratan de regular la conducta de las personas. Sin tener en cuenta un hecho más significativo aún, el anarquismo es una filosofía anti-autoritaria y, ¿cuál ha sido el mayor símbolo de autoridad en la historia de la humanidad? Dios.
Pero parece ser que los medios no conocen o no quieren conocer, más bien, el anarquismo. Recordemos, por ejemplo, el artículo que se le dedicó al compañero Juan Gómez Casas debido a su fallecimiento. La primera línea decía así: «El anarquismo fue su religión desde que aún vestía pantalones cortos.» (11)
Las religiones son una de las cosas que más detestamos l@s anarquistas, porque ellas, con su discurso perfumado de irracionalidad y mentiras, son un claro exponente de la explotación del hombre por el hombre.
Antes de que aparecieran estos artículos, el Grupo Anarquista Amor y Rabia, el Ateneo Libertario Gregorio Baticón y la F.L. de la C.N.T. en Valladolid nos habíamos embarcado en una Campaña por el Laicismo, llevando a cabo diversos actos y trabajos en pro de una sociedad libre de creencias religiosas y de las instituciones que las divulgan. Hasta el momento hemos organizado unas charlas y vamos editar un dossier titulado «Con la Iglesia hemos topao», en el que se expondrán algunas de las razones de nuestro rechazo hacia las religiones.


NOTAS
(1) http://www.red-libertaria.org/portada/felix/propaganda.html (El enlace ya no existe, AyR)
(2) Alexander Berkman pasó muchos años en la cárcel tras haber llevado a cabo un intento de asesinato contra su jefe. Su postura respecto a este tipo de actos cambió radicalmente al comprobar la futilidad que éstos suponían si se quería alcanzar la revolución. L@s compañer@s de los Ateneos «La Libertad» de Zamora y «El Humanisferio» de Salamanca han publicado la segunda parte de este libro, «El Anarquismo», en la que se trata la cuestión de la que estamos hablando. Cuesta 100 pts. y puedes contactar con ell@s en: Ateneo Anarquista «La Libertad», Apdo. 261, C.P. 37.080, Zamora, o bien en: Ateneo Libertario «El Humanisferio», Apdo. 559, C.P. 37.080, Salamanca.
(3) De una carta de P. Kropotkin a Mrs. Dryhurst, 1893, citado en Los Anarquistas de James Joll, pág. 140.
(4) La Gran Revolución, P. Kropotkin, citado en Los Anarquistas de James Joll, pág. 141.
(5) El Norte de Castilla, 22 de noviembre de 2001, pág. 52.
(6) El Mundo, 22 de noviembre de 2001, pág. 54.
(7) El País, 9 de octubre de 2001, pág. 44.
(8) Durruti, Rai Ferrer, pág. 168.
(9) El País, 18 de octubre de 2001, pág. 21.
(10) El Mundo, 27 de noviembre de 2001, pág. 25. 

(11) El Mundo, 30 de agosto de 2001, pág. 4.
 


No hay comentarios:

Publicar un comentario