sábado, 5 de junio de 2021

DIGITALIZACIÓN: Revista Amor y Rabia, Nr°. 53, "Yugoslavia. Un paso decisivo en la escalada neoimperialista"

Editorial (mayo-junio 1999)

El 24 de marzo de 1999 volvieron a sonar las sirenas de la guerra en los Balcanes. Durante los meses anteriores los medios de comunicación han venido dando toda suerte de noticias sobre los crímenes serbios, ya fueran soldados, militares o vengativos civiles, contra los indefensos albano-kosovares. Desde el primer momento hemos sabido quién era el bueno de la película y quién el malo. Los periódicos, la radio y la televisión sobre todo, nos han demostrado con un montón de muertos de sobremesa que hay quien no entiende la vía diplomática y entonces hay que pararle los pies empleando la fuerza si hace falta. La oportunidad de Rambouillet ya pasó y el camino queda libre para las bombas. Nadie puede atreverse a cuestionar la intervención, pues se trata de salvar la vida de inocentes hombres, mujeres y niños, y el que lo haga ya puede dar verdaderas piruetas demagógicas para escurrir el bulto de la complicidad. ¿Por qué no han intervenido antes? ¿por qué no intervienen en otros conflictos? Esto es lo que muchas voces críticas se preguntan y todos/as nos hemos preguntado alguna vez. Hemos caído en la trampa. Como decía Solana: ¿Qué excusa pondríamos luego ante la gente si al presenciar estas matanzas nos negásemos a intervenir? Esto desarticula las dos preguntas anteriores, porque tienen un fallo de forma.

Las cuestiones que se plantean parten de la base de que se nos está contando la verdad desde unos medios que nos tienen acostumbrados a la mentira y el engaño, y esto es lo verdaderamente preocupante. La fe aparentemente perdida en estos medios, como ventana al mundo, como forma de conocer el estado de las cosas, renace como el fénix de sus cenizas cuando asoma en el tablero del orden mundial un nuevo gran acontecimiento. En estos instantes, más que en ningún otro momento, es cuando debemos recordar a quién pertenecen esos medios, que estructuras financieras tienen, qué conexiones y sobre todo a quién sirven.

De todos modos, las preguntas anteriormente descritas tienen un valor residual y es la evidente desconfianza hacia una estructura militar internacional formada por verdaderos criminales históricos (dentro y fuera de sus fronteras). Y esa desconfianza conlleva un interrogante sobre los verdaderos intereses que esconde la OTAN en este caso. La ingenuidad rayaría la torpeza si cerramos los ojos al pasado y nos negamos a recordar el genocidio de los pueblos indígenas, la intervención encubierta en Chile, Nicaragua y El Salvador, y la descubierta en Vietnam, Panamá o más recientemente en Somalia e Irak. En los conflictos públicos mencionados la acción armada se llevó a cabo siempre por “intereses humanitarios”. EE.UU. sólo, o con apoyos, emergía como centinela mundial para socorrer a un pueblo, amenazado por un terrible tirano unas veces llamado Noriega, otras Hussein y recientemente rebautizado Milosevic: el demonio sediento de sangre kosovar.

Alguien dijo una vez que se puede engañar a unos pocos durante mucho tiempo, a mucha gente durante unos instantes, pero no se puede engañar todo el tiempo a todo el mundo. Bajo esta premisa cayeron las mentiras que escondían los intereses de occidente en anteriores guerras. Desde estas páginas intentaremos derribar la construcción falaz que el capitalismo internacional ha diseñado para tranquilizar nuestras conciencias en esta nueva campaña bélica. Esperamos que sirva para acelerar el despertar colectivo.

NI GUERRA ENTRE PUEBLOS
NI PAZ ENTRE CLASES











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