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miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA CAÍDA DEL GOBIERNO KERENSKI, LA VICTORIA DEL PARTIDO BOLCHEVIQUE

'Asalto al Palacio de Invierno', diorama de Yefim Dyshalyt
situado en el Museo de la Revolución de Moscú
(madrugada del 8 de noviembre de 1917).

 Por VOLIN

A partir del 17 de octubre (30 de octubre, según el calendario actual), el desenlace se aproxima. Las masas están prestas para una nueva revolución, como lo prueban los levantamientos espontáneos desde julio, el ya citado de Petrogrado y los de Kaluga y Kazán y otros del pueblo y de tropas, en diversos puntos.

El partido bolchevique se ve, entonces, ante la posibilidad de apoyarse sobre dos fuerzas efectivas: la confianza de gran parte del pueblo y una fuerte mayoría del ejército. Así pasa a la acción y prepara febrilmente su batalla decisiva. Su agitación produce efervescencia. Ultima los detalles de la formación de cuadros obreros y militares. Organiza también, definitivamente, sus propios equipos, y redacta la lista eventual del nuevo gobierno bolchevique, con Lenin a la cabeza, quien vigila los acontecimientos de cerca y transmite sus últimas instrucciones. Trotski, el activo brazo derecho de Lenin, llegado hacía varios meses de Norteamérica, donde residió desde su evasión de Siberia, participará en puesto destacado.

Los socialistas revolucionarios de izquierda actúan de acuerdo con los bolcheviques. Los anarcosindicalistas y los anarquistas, poco numerosos y mal organizados, pero muy activos también, haciendo todo lo que pueden para sostener y alentar la lucha contra Kerenski, no por la conquista del poder, sino por la organización y la colaboración libres.

Conocidas la extrema debilidad del Gobierno Kerenski y la simpatía de una aplastante mayoría popular, con el apoyo activo de la flota de Kronstadt, siempre a la vanguardia de la revolución, y de gran parte de las tropas de Petrogrado, el Comité Central del partido bolchevique fijó la insurrección para el día 25 de octubre (7 de noviembre). El Congreso Panruso de los Soviets fue convocado para la misma fecha.

Los miembros del Comité Central estaban convencidos de que este congreso de mayoría bolchevique y obediente a las directivas del partido debía proclamar y apoyar la revolución y reunir todas las fuerzas para hacer frente a la resistencia de Kerenski. La insurrección se produjo el día señalado por la tarde. Y, simultáneamente, el congreso de soviets se reunió en Petrogrado. No hubo combates en las calles ni se levantaron barricadas.

Abandonado por todo el mundo, el gobierno Kerenski, asido a verdaderas quimeras, permanecía en el Palacio de Invierno, defendido por un batallón seleccionado, otro compuesto de mujeres y algunos jóvenes oficiales aspirantes.

Tropas bolcheviques, de acuerdo con un plan establecido en el Congreso de soviets y el Comité Central del partido, cercaron el palacio y atacaron sus defensas. La acción fue sostenida por naves de guerra de la flota del Báltico, de Kronstadt, alineadas sobre el río Neva, con el crucero Aurora. Después de una breve escaramuza y algunos disparos de cañón desde el crucero, las tropas bolcheviques se apoderaron del palacio. Kerenski había huido. Los demás miembros de su gobierno fueron arrestados.

Así, en Petrogrado la insurrección se limitó a una pequeña operación militar, conducida por el partido bolchevique. Habiendo quedado vacante el gobierno, el Comité Central del partido se instaló como vencedor en aquella revolución de palacio.

Kerenski intentó marchar sobre Petrogrado con algunas tropas sacadas del frente de guerra, cosacos y la división caucasiana, pero fracasó por la vigorosa intervención armada de los obreros de la capital y, sobre todo y una vez más, por los marinos de Kronstadt, llegados precipitadamente a prestar ayuda. En una batalla cerca de Gatchina, en los alrededores de Petrogrado, una parte de las tropas de Kerenski fue derrotada y la otra se pasó al campo revolucionario. Kerenski pudo salvarse en el extranjero.

En Moscú y otras partes la toma del poder por el partido bolchevique se efectuó con menos facilidad. Moscú vivió días de combates encarnizados entre las fuerzas revolucionarias y las de la reacción, que dejaron muchas víctimas. Numerosos barrios de la ciudad resultaron muy dañados por el fuego de la artillería. Finalmente, la revolución la ocupó. En otras ciudades, igualmente la victoria costó violentas luchas.

El campo, en general, permaneció casi indiferente. Los campesinos estaban muy absorbidos por sus preocupaciones locales: desde hacía mucho tiempo se preocupaban en resolver por sí mismos el problema agrario; no temían el poder de los bolcheviques. Puesto que tenían la tierra y no temían el retorno de los señores, estaban bastante satisfechos y eran indiferentes ante los defensores del trono. No esperaban nada malo de los bolcheviques, ya que se decía que éstos querían terminar la guerra, lo cual les parecía justo. No tenían, pues, ningún motivo para desconfiar de la nueva revolución.

La manera cómo ésta se cumplió ilustra sobre la inutilidad de una lucha por el poder político. Si éste es sostenido por una gran mayoría y, sobre todo, por el ejército, no es posible abatirlo. Y si es abandonado por la mayoría y por el ejército, que es lo que se produce en el momento de una verdadera revolución, entonces tampoco vale la pena dedicarse a él especialmente. Ante el pueblo armado se derrumba solo. Hay que abandonar el poder político para ocuparse del poder real de la revolución, de sus inagotables fuerzas potenciales, de su irresistible impulso, de los inmensos horizontes que abre, de todas las enormes posibilidades que contiene en su seno.

En muchas regiones, la victoria de los bolcheviques no fue completa, particularmente en el Este y en el Mediodía. Movimientos contrarrevolucionarios se perfilaron muy pronto y se extendieron hasta una verdadera guerra civil que duró hasta fines del año 1921.

Uno de esos movimientos, dirigido por el general Denikin, en 1919, fue sumamente peligroso para el poder bolchevique. Partiendo de los confines de Rusia meridional, región del Don, Kuban, Ucrania, Crimea, Cáucaso, el ejército de Denikin arribó, en el verano de 1919, casi hasta las puertas de Moscú. Explicaremos más adelante los elementos que le otorgaron tanta fuerza a ese movimiento, así como el modo como este peligro inminente pudo ser evitado, una vez más al margen del poder político bolchevique.

Muy peligroso fue asimismo el levantamiento desencadenado más tarde por el general Wrangel en los mismos parajes, después de haber sido ahogado el dirigido militarmente por el almirante Kolchak en el Este. Las otras rebeliones contrarrevolucionarias fueron de menor importancia.

La mayor parte de estos intentos fueron, en parte, sostenidos y alimentados por intervenciones extranjeras. Algunos han sido patrocinados y hasta políticamente dirigidos por los socialistas revolucionarios moderados y los mencheviques.

El poder bolchevique debió sostener una lucha larga y difícil: primero, contra sus ex colaboradores, los socialistas revolucionarios de izquierda, y segundo, contra las tendencias y el movimiento anarquistas. Ambos combatieron a los bolcheviques, en nombre de la «verdadera revolución social», traicionada, a su entender, por el partido bolchevique en el poder.

El nacimiento y, sobre todo, la amplitud y el vigor de los ataques contrarrevolucionarios fueron el resultado fatal de la deficiencia del poder bolchevique, de su impotencia para organizar la nueva vida económica y social. Ya veremos cuál ha sido la evolución real de la revolución de octubre, y cómo el nuevo poder supo, finalmente, mantenerse, imponerse, dominar la tempestad y resolver, a su manera, los problemas de la revolución.

El año 1922, el bolcheviquismo en el poder pudo sentirse definitivamente dueño de la situación y comenzar su momento histórico. La explosión produjo las ruinas del zarismo y del sistema feudal-burgués. Era necesario comenzar a edificar la nueva sociedad.

(Libro I, Tercera Parte, Capítulo V.)

jueves, 16 de marzo de 2017

SOCIALISMO ENTRE COMILLAS

 Ya que en este año conmemoramos el Centenario de la Revolución Rusa de 1917, os pongo un texto (de 1921) que refleja lo que supuso la toma del poder ruso por los bolcheviques... Luego vendrían Stalin, la Guerra Fría, el Pacto de Varsovia, etc., hasta su final en 1991.

El 16 de marzo de 1921 (poco antes del último asalto que pondría fin a la rebelión de marinos, soldados rojos y obreros de la revolucionaria Kronstadt) salía publicada en el IZVESTIA de Kronstadt este artículo titulado: «SOCIALISMO ENTRE COMILLAS», redactado por el Comité Revolucionario Provisional que encabezaba la rebelión de esta ciudad-fortaleza (base naval de la Flota del Báltico) en la isla de Kotlin, a unos treinta kilometros al oeste de Petrogrado, en el golfo de Finlandia. Isla de larga trayectoria revolucionaria que se amotinó entonces contra el poder bolchevique (previamente lo hizo contra el zarismo y el Gobierno Provisional burgués) defendiendo totalmente el original lema revolucionario de «Todo poder para los soviets», lema traicionado por Lenin y sus secuaces en el Gobierno (que hipócritamente se llamaba Soviet de los Comisarios del Pueblo).

Tras tres años de guerra civil, la imposición del llamado 'Comunismo de Guerra' y las carencias de existencias provocó sucesivas revueltas campesinas en el país y las huelgas generales de trabajadores en Moscú y Petrogrado, duramente reprimidas por «el gobierno de obreros y campesinos» de la llamada «patria del socialismo». La población de la isla-fortaleza se sumó a la protesta  —foco de fuerte tradición rebelde y de muchos motines antiautoritarios, hasta Trotski (el gran verdugo) llegó a denominarla «el orgullo y gloria de la revolución»y estableció durante un tiempo un soviet libre, que terminó duramente reprimido por el Ejército Rojo, después de una lucha sangrienta y encarnizada. Un reflejo más de lo que Lenin y Trotski sembraron y después cosechó Stalin y los que le siguieron al frente de la URSS...
Helsinki, verano de 1918, marinos de Kronstadt
durante la guerra civil finlandesa.


Al hacer la Revolución de Octubre los marinos y los soldados rojos, los obreros y los campesinos vertieron su sangre por el poder de los soviets, por la creación de una República de trabajadores. El partido bolchevique prestó estrecha atención a las actitudes de las masas. Al inscribir en su bandera seductoras consignas que agitaron a los trabajadores, logró atraerlos a su campo y les prometió conducirlos a un brillante reino del Socialismo, que sólo los bolcheviques sabían cómo erigir.

Naturalmente, una alegría sin límites se apoderó de obreros y campesinos. «Por fin la esclavitud que hemos soportado bajo el yugo de los terratenientes y los capitalistas se está transformando en una leyenda», pensaron. Parecía que hubiera llegado la época del trabajo libre en los campos, fábricas y talleres. Parecía como si todo el poder hubiera pasado a manos de los trabajadores.

La habilidosa propaganda llevó a los hijos del pueblo trabajador a integrar las filas del partido, donde fueron aherrojados por una severa disciplina. Luego, cuando los comunistas se sintieron suficientemente fuertes, primero desalojaron del poder a los socialistas de otras tendencias; después apartaron a los obreros y campesinos mismos del timón de la barca del Estado, mientras continuaban gobernando el país en su nombre. Los comunistas sustituyeron ese poder que usurparon por el dominio arbitrario de los comisarios sobre el cuerpo y el alma de los ciudadanos de Rusia soviética. Contra toda razón y contra la voluntad de los trabajadores, comenzaron a construir tenazmente el socialismo de Estado, con esclavos en lugar de trabajadores libres.

Luego de desorganizar la producción bajo el sistema de «control por los obreros», los bolcheviques procedieron a nacionalizar las fábricas y talleres. Los trabajadores se transformaron de esclavos de los capitalistas en esclavos de las empresas estatales. Pronto esto no fue suficiente, y entonces planearon introducir el método de trabajo acelerado al máximo: el sistema de Taylor. Todo el campesinado trabajador fue declarado enemigo del pueblo e identificado con los kulaks (campesinos ricos). Con gran energía los comunistas se dieron a la tarea de arruinar a los campesinos, ocupándose ellos mismos de crear granjas estatales (las estancias del nuevo terrateniente, el Estado). Esto es lo que los campesinos han recibido del socialismo de los bolcheviques en lugar del libre uso de las tierras que acababan de conquistar. A cambio del cereal incautado y las vacas y caballos confiscados, recibieron incursiones de la Cheka y pelotones de fusilamiento. ¡Excelente sistema de intercambio en un Estado de trabajadores: plomo y bayonetas por pan!

La vida de los ciudadanos se volvió desesperadamente monótona y rutinaria. Uno vivía de acuerdo con las tablas cronológicas fijadas por la autoridad que correspondiera. En lugar del libre desarrollo de la personalidad individual y de una vía de trabajo libre, surgió una esclavidtud extraordinaria y sin precedentes. Todo pensamiento independiente, toda crítica justa a los actos de los gobernantes criminales se transformaron en un delito castigado con la prisión, y a veces incluso con la ejecución. En una «sociedad socialista» comenzó a florecer el castigo capital, esa profanación de la dignidad humana.

Tal es el brillante reino del socialismo al cual nos ha llevado la dictadura del Partido Comunista. Hemos obtenido el socialismo de Estado con soviets de funcionarios que votan obedientes de acuerdo con los dictados del Comité Central del partido y sus infalibles comisarios. El lema «quien no trabaje no comerá», fue distorsionado por el nuevo orden «sovietico» y transformado en «todo para los comisarios». Para los obreros y campesinos y la intelligentsia trabajadora sólo queda el trabajo descolorido y sin descanso en un ambiente carcelario.

La situación se ha vuelto intolerable, y Kronstadt Revolucionaria fue la primera en romper las cadenas y los barrotes de hierro de esta prisión. Está luchando por un tipo diferente de socialismo, por una República Soviética de trabajadores, en la cual el productor mismo será el único dueño y podrá disponer de sus productos como le parezca adecuado.

IZVESTIA
16 marzo 1921

sábado, 18 de febrero de 2017

CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN TRAICIONADA

 
Toda rebelión popular contra el poder establecido genera inevitablemente una mitología propia que posteriormente será manipulada por la nueva casta de gobernantes que surja tras dicha rebelión para legitimar su dictadura. Pero además de servir para perpetuar las jerarquías, el mito sirve también para recordar a la adormecida consciencia popular la debilidad intrínseca a todo poder, mostrando la fuerza de la resistencia del pueblo, manifestada durante la rebelión, manteniendo así vivo su recuerdo en la memoria colectiva. De esta forma, al mito de los caballeros medievales opuso el pueblo el de los salteadores de caminos que, al estilo de Robin Hood, robaban a los ricos (los caballeros) para dárselo a los pobres (el pueblo). En la península Ibérica este mito tomó cuerpo en la figura de Don Quijote, el cual, al mismo tiempo que ridiculizaba la infantil creencia en la existencia de héroes individuales que, al estilo del «príncipe azul». Liberarían al pueblo de sus cadenas (atacando así incluso al mito de Robin Hood), mostró también cómo la existencia de la humanidad, bajo los diversos tipos de explotación, se debate entre una vida gris, monótona y sin sentido, por un lado, y una defensa a ultranza de la libertad y la justicia, por otro lado. Si bien la definición concreta de los conceptos de libertad y justicia, en su práctica, cambian con el paso del tiempo, conservan su fuerza y su misma razón de ser en su búsqueda constante y sin resultado definitivo, tal y como ocurre, en la leyenda, con el mítico Grial (¿O acaso alguien cree en que sea posible lograr algún día un grado de libertad que pueda ser considerado absoluto y que, al mismo tiempo, conviva con la contradición que suponen los acuerdos necesarios para el funcionamiento de cualquier tipo de sociedad?).

La Revolución Rusa ha sido, sin duda, el mayor mito del siglo XX, el cual, tras haber nacido de una rebelión popular de una escala e intensidad desconocida hasta entonces en la historia de la humanidad, una vez restablecido el poder en Rusia fue utilizado como traje de gala por la nueva jerarquía en el poder. Esta situación no durará mucho: la rebelión de Kronstadt [o la guerrilla majnovista], aunque rápidamente aplastada, será el grito de rabia del pueblo, que denunciará la realidad de la misma forma que el niño de la fábula gritó ¡El rey está desnudo!, eliminando todo intento de legitimar a los nuevos amos. Desde entonces, el poder ha intentado acallar este grito por todos los medios a su alcance. Vana pretensión: rodo sistema de dominación lleva en sí inmerso el germen de la rebelión, y la dictadura bolchevique no pudo escapar a esta situación, tal y como ocurrió a sus antecesores, y el mito de la revolución bolchevique se ha resquebrajado, de la misma forma que un cadáver se pudre inevitablemente con el paso del tiempo.

Tras morir como mito popular, el bolchevismo murió por segunda vez, al ser incapaz de perpetuarse como sistema de dominación a partir de su aparente invencibilidad (debida, en gran parte, al propio tamaño de la URSS). La libertad, en cambio, sigue y seguirá vigente, ya que más que una idea es un sentimiento de resistencia a toda imposición y, sobre todo, es el medio por excelencia mediante el cual la vida se defiende contra todos los intentos de dominarla reglamentándola. Nosotros, como ocurrió ayer en Kronstadt [o en el sudeste de Ucrania] y como ha ocurrido siempre desde que la humanidad es, seguiremos luchando contra toda autoridad, por la libertad. Por la anarquía.

AMOR Y RABIA

Este texto [con algún añadido] fue la presentación de un antiguo número de nuestra revista AyR, y nos sirve, aún hoy día, para referirnos a lo que fue la Revolución Rusa. Este episodio histórico supuso uno de los más importantes y estuvo entre los de mayor transcendencia del pasado siglo XX, o el que más. Como en este año 2017 conmemoramos sus 100 años, para ello a lo largo del año publicaremos algunos textos sobre ello, como también reeditaremos algunos de los viejos números de nuestra revista que dedicamos al evento. Por ejemplo, el año pasado reeditamos en versión dos de los números que dedicamos al tema de la Revolución Rusa y sus consecuencias...

El 15 de marzo del año 1996, en el número 4-bis de AMOR Y RABIA, publicamos el comic (de Épistolier y Volny de 1972) que trata sobre la rebelión de los marinos y obreros de la fortaleza de Kronstadt en el Báltico, que fue duramente reprimida por el Ejército Rojo comandado por el dirigente bolchevique Lev Trotski, bajo el título «Kronstadt, 1921-1996», al que podéis acceder y descargar (¡si lo deseáis!) desde esta dirección:



Y en el número 25, del 21 de septiembre también de 1996, sacamos otro comic (de Spain Rodriguez del año 1975) dedicado a Stalin, bajo el título de «Stalin. Retrato de un bolchevique». Aunque este personaje fuese uno de los dictadores más crueles y siniestros de la Historia, y haya quién le considera el verdadero verdugo de la revolución, en realidad lo único que hizo fue cosechar lo que Lenin y Trotski previamente habían sembrado. También lo podéis conseguir a través de este otro enlace: