martes, 13 de diciembre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 71: El futuro del capitalismo

EDITORIAL: Identidades, pánico y sacrificio


Hace más de 75 años, al acabar la Segunda Guerra Mundial e iniciarse la Guerra fría, EEUU y UK pusieron en marcha una inmensa maquinaria propagandística para ahogar las voces que pedían una sociedad más igualitaria. El objetivo era apoyar cualquier corriente política o filosófica que, por debajo de su superficie ideológica, pudiese ser asimilable por el capitalismo y sirviese para hacer frente a la propaganda de Moscú. Como parte de esta operación, el gobierno británico puso en marcha el Information Research Department (IRD), para el cual George Orwell redactó su lista infame de personas simpatizantes con la URSS en el mundo de la cultura. En EEUU, la recién creada CIA creó el Congress for Cultural Freedom y puso a cargo a Tom Braden, que en su famoso artículo Estoy encantado de que la CIA sea inmoral explicó la lógica  de la Guerra Fría Cultural: " (el movimiento comunista) habían robado las grandes palabras... los delegados de países subdesarrollados en la ONU asumían que cualquiera que estuviese a favor de la “paz”, la “libertad” y la “justicia” debían de estar a favor del comunismo".


La solución fue aplicar la fórmula de “la unión hace la fuerza”: con financiación de la CIA canalizada a través de organizaciones como la Fundación Ford, el capitalismo impulsó al sector de la izquierda contrario a la URSS, desde la socialdemocracia a el trotskismo y los sectores anticomunistas del movimiento anarquista, como Gastón Leval (de ello habla Peirats en sus memorias).  Esta primera fase, puesta en marcha durante la etapa más dura de la Guerra Fría, cuyo objetivo era contrarrestar la influencia del comunismo sobre el movimiento obrero, fue desarticulada a finales de los 60, cuando se pasó a apoyar a la llamada “nueva izquierda”, usando las nuevas palabras de  movimientos sectoriales ajenos a la lucha de clases, como el ecologismo, la homosexualidad el feminismo y los derechos humanos (para ello se creó Amnistía Internacional). En la segunda y última etapa de la Guerra Fría dichos movimientos giraban en torno a una izquierda cuyo discurso se centraba en la igualdad y la lucha de clases. Tras la desintegración de la URSS, el capitalismo justificó su hegemonía global con las nuevas palabras, que sustituyeron la defensa de la igualdad y la lucha de clases en el espacio ideológico de la izquierda por movimientos identitarios de todo tipo enfrentados entre ellos (nacionalismo/etnicismo, LGTBetc, feminismos), así como un movimiento ecologista que  asumió una linea cada vez más apocalíptica y misantrópica.


Como explica en este número Fabio Vighi, el capitalismo actual se prepara para pasar a una nueva época y dejar atrás el modelo industrial, origen de la ilusión de la abundancia del modelo basado en el consumo. Como esto implica un empobrecimiento generalizado y el fin de los sistemas sanitarios, de pensiones o de educación del Estado del Bienestar, para hacer frente a la inevitable resistencia se está aplicando la doctrina del shock usando el pánico (al clima, al virus, al frío) para disciplinar a la sociedad exigiendo que se sacrifique por un supuesto “bien común”. La tarea actual de quien quiera una sociedad basada en la igualdad es organizar la resistencia contra sus planes, rechazando el miedo y odio que vomitan los colaboradores del Estado para evitar que nos organicemos. No hay tiempo que perder.


lunes, 28 de noviembre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 70: La Primera Internacional en Valladolid

EDITORIAL: Recuperar el pasado


Desde que se acuñase el término “Fachadolid” para referirse a Valladolid, sus habitantes hemos tenido que soportar ese sanbenito al viajar por el resto de España, sufriendo en muchos casos la desconfianza e incluso rechazo por parte de personas de izquierda. Además de ser rechazable per se, al ser injusto hacer cargar con la culpa de crímenes a personas que no han tenido nada que ver con ellos, en nuestro caso es más injusto por ser mentira.


“Fachadolid” condena al olvido a quienes se enfrentaron con las bandas fascistas durante la llamada Transición; borra de la memoria a quienes tuvieron que aprender a solas a organizarse de manera clandestina para resistir al fascismo y el Capital porque las organizaciones tradicionales había sido destruidas; silencia las voces de quienes se organizaron para luchar  contra el Franquismo al acabar la guerra civil; y, sobre todo, se burla de las víctimas de las masacres llevadas a cabo contra la población civil por las bandas de matones fascistas, que comían churros y bailaban mientras cantidades interminables de personas de izquierdas -o sospechosas de serlo- eran ejecutadas ante sus ojos, un espectáculo repugnante digno de los peores tiempos de la Inquisición, que ya sufrió Valladolid bajo Felipe II al ser un nido de “herejes”.


Quienes tenemos la suficiente edad recordamos haber visto  el miedo en los ojos, como aquel afilador a finales de los 80, que al hablar de las masacres bajaba la voz y miraba a su alrededor; haber oido las historias de fosas comunes de fusilados encontradas en los Montes Torozos al hacerse obras en el aeropuerto de Villanubla, o sobre explosiones de violencia entre los descendientes de las víctimas y de los verdugos en las fiestas los pueblos, porque el pasado en las familias nunca pasa del todo; o haber oido la dignidad en la boca de aquel vendedor de bocadillos, hijo de un alcalde del PSOE fusilado por el fascismo, que se negó a poner su apellido en una candidatura para no mancillar la memoria de su padre.


“Fachadolid”, en fin, es un término hijo del olvido de las víctimas del fascismo y de quienes lucharon contra el, y carece de base histórica alguna, más allá de la calenturienta mente de su inventor. Digno heredero de las mentiras con las que nos han machacado los propagandistas franquistas, es necesario erradicar esa palabreja, esa losa que quiere evitar que recuperemos el pasado, nuestro pasado, censurado, manipulado y destruido sistemáticamente. Desde estas páginas vamos a desenterrar, poco a poco, esa historia olvidada de nuestra ciudad.


domingo, 20 de noviembre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 69: Ricardo Flores Magón

EDITORIAL


Este presente año 2022 el Gobierno de México, con apoyo parlamentario, lo ha dedicado a la figura de Ricardo Flores Magón, ya que este 21 de noviembre se cumple el Centenario de su muerte. Curiosamente este anarquista está considerado ‘precursor’ de la Revolución Mexicana. 

Igualdad y Libertad son dos principios que van de la mano, esto es lo que diferencia al socialismo del liberalismo. La formación del Estado moderno hay ido paralela a la imposición de la economía de Mercado, o sea, capitalista, en las sociedades. (Mienten aquellos «neoliberales» que dicen que en nombre del «Libre Mercado» quieren menos Estado, pues lo necesitan para el bien de sus negocios y la explotación consecuente de sus conciudadanos asalariados.) Capital y Estado no rivalizan entre sí, se formaron y van juntos. Los efectos perniciosos del capitalismo produjeron como respuesta el socialismo, la lucha de clases es más consecuencia de la Historia que su motor. El socialismo tiene su origen en el liberalismo, pero es más avanzado al tratar el tema de la justicia social. A la rama antiautoritaria del socialismo lo llamamos anarquismo. En una sociedad estructurada de manera vertical o piramidal no hay Igualdad —sea con gobierno democrático o sea dictatorial—, donde unos mandan y otros obedezcan la relación es desigual: no hay Igualdad. Esto es irrefutable por mucho que se intente disfrazar.

El concepto de nación o patria justifica ideológicamente el Estado moderno y, por ende, el liberalismo. Nacionalismo riñe con socialismo, aunque lo mezclen algunos erróneamente. El anarquismo implica todo rechazo al patriotismo y sometimiento a todo tipo de Poder. Y en nombre del bien común no se puede oprimir a los individuos, ya que los individuos son productos sociales, así como las sociedades están compuestas de individuos. Los derechos individuales no chocan con los colectivos.

Resulta de en un Estado como el mexicano sus mandatarios decidan dedicar este año a un anarquista. Un anarquista que era lo contrario a lo que ellos representan. Simplemente por robar su legado y manipularlo, ya que este anarquista fue una figura popular y no gubernamental. Le atribuyen ser precursor de algo que nunca apoyó y que se llamó Revolución Mexicana.

Un anarquista que escribió cosas como éstas contra el patriotismo y los gobiernos:

«La patria es de los que la poseen, y los pobres nada poseen. La patria es la madre cariñosa del rico y la madrastra del pobre. La patria es el polizonte armado de un garrote, que nos arroja a puntapiés al fondo de un calabozo o nos pone el cordel en el pescuezo cuando no queremos obedecer las leyes escritas por los ricos en beneficio de los mismos ricos. La patria no es nuestra madre: ¡es nuestro verdugo!»

«Ante todo debo decir que me repugnan los Gobiernos. Estoy firmemente convencido de que no hay ni podrá haber un Gobierno bueno… Los Gobiernos son los guardianes de los intereses de las clases ricas y educadas, y los verdugos de los santos derechos del proletariado.»

Estos políticos mexicanos lo único que están haciendo es faltar a su memoria. Y lo peor es la pendejada de aquellos integrantes de la ‘nueva izquierda indefinida’ que critican su etapa ácrata, tachándola de sectaria e intransigente y, a su vez, ensalzan la parte inicial liberal de su activismo político sin tener en cuenta su evolución.


sábado, 5 de noviembre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 68: Cómics y anarquismo

EDITORIAL: Ni amnistías ni venganzas

Un antiguo alto cargo de la KGB dijo al final de la Guerra Fría que, mientras la prensa británica estaba (y está) censuradísima, los medios de comunicación de EEUU lo publicaban todo. La diferencia radicaba en que, por aquel entonces, en Europa existía una izquierda que fomentaba el pensamiento crítico, por lo que había que tener cuidado con la información que se difundía, mientras que en EEUU, donde el Capital de EEUU nunca permitió que se desarrollase una izquierda, no tenia esos problemas.

Lo cierto es que, mientras en la prensa de Europa prima la ley del silencio respecto a las salvajadas cometidas para “combatir el coronavirus”, la prensa de EEUU ha puesto en marcha un debate, iniciado por The Atlantic, importante publicación en la órbita del Partido Demócrata, partido que ha defendido a ultranza las mayores salvajadas con la excusa del “bien común”. En al artículo titulado “Declaremos una amnistía por la pandemia. Centrémonos en el futuro y solucionemos los problemas que aún debemos resolver” (Let’s declare a pandemic anmesty), publicado el pasado 31 de octubre, se propone olvidar los abusos de la pasada dictadura sanitaria, la mayor parte de ellos acientíficos e ilegales, que han provocado enormes -e innecesarios- sufrimientos. En otras palabras, el neoliberalismo progre de EEUU, que se ha dedicado durante las últimas décadas a repetir sin descanso que no se puede olvidar el pasado y que los crimenes cometidos no se deben olvidar, ahora que ver que se aproxima la hora en la que tendrá que dar explicaciones por su comportamiento dictatorial, sectario e inquisitorial, pide que lo olvidemos todo, porque ‘ambas partes cometieron errores’. En otras palabras, los verdugos de ayer, los que nos calumniaban acusándonos de ser “asesinos” y pedían que se nos eliminasen nuestros derechos legales, se nos encarcelase o, incluso, nos deseaban la muerte, pretenden equiparar sus salvajadas a la resistencia de sus víctimas.

En EEUU, un amplio sector de las víctimas ha exigido venganza por lo que han sufrido, como si se pudiera dar marcha atrás a millones de traumas infantiles, destrozos causados al sistema inmunitario de millones de personas, ruptura de relaciones con los que cuestionábamos las “vacunas”, o suicidios provocados por la soledad forzosa. Si esa pseudo izquierda inquisitorial y reaccionaria que tenemos intentase pedir una amnistía por su conducta criminal, en lugar de inútiles venganzas habría que exigir dos cosas: que nos devuelvan el sistema de sanidad pública que han destrozado, y que se asegure la neutralidad de las asociaciones de médicos, que han apoyado verdaderas salvajadas en favor de la Farmafia, prohibiéndolas recibir financiación de las compañías farmacéuticas.


viernes, 28 de octubre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 67: Farmafia

EDITORIAL: Luz de gas por doquier


Según Wikipedia, la "Luz de gas" es "un tipo de abuso psicológico en la que se hace a alguien cuestionar su propia realidad.​ Consiste en negar la realidad, dar por sucedido algo que nunca ocurrió o presentar información falsa con el fin de hacer dudar a la víctima de su memoria, de su percepción". El término tiene su origen en la obra de teatro Gas Light (1938), en la que un marido intenta convencer a su esposa de que está loca bajando las luces encendidas por gas en su casa, y luego negando que la luz cambia cuando su esposa lo señala.


El término es hoy más actual que nunca, como hemos visto tras la comparecencia ante el parlamento europeo de Janine Small, responsable de Pfizer de medicamentos para los países más avanzados económicamente, que son también los que han impuesto una dictadura del terror hipocondríaca. Ante la pregunta de si Pfizer había realizado alguna prueba para determinar si la vacuna prevenía la transmisión del Covid, Small dijo rotundamente “No”, para decir a continuación, riéndose, que a pesar de ello pusieron a la venta su medicamento porque tenían que “avanzar a la velocidad de la ciencia”.


De esta forma quedaba eliminado de un plumazo el pilar ideológico de los pasaportes Covid, que sirvieron para imponer un apartheid contra quienes nos negamos a inyectarnos las “vacunas”. Pues bien, no han tardado nada los guardianes de la verdad del Poder para salir inmediatamente a gritar que “nunca se dijo” que las vacunas impidieran la infección. Basta echar un vistazo a las redes sociales y buscar para encontrar infinidad de ejemplos de “expertos” asegurando que las supuestas vacunas “rompen la cadena de transmisión” o “evitan el contagio”, que por cierto pueden encontrarse en la cuenta de twitter de Pfizer, o en declaraciones del jefe de BioNTech, la empresa alemana que creó el medicamento inyectable de Pfizer.





Más importante que esta falsificación de la realidad ha sido el cambio de la definición de la palabra “vacuna” para poder aplicárselo a medicamentos inyectables que hay que inyectarse contínuamente (el gobierno inglés lo comparaba con recargar el móvil). En realidad, las supuestas “vacunas” son, según Stefan Oelrich, presidente de la división de productos farmacéuticos de Bayer, “un ejemplo de terapia genética y celular... (que) hace 2 años tenía una tasa de rechazo del 95%”.


Teniendo en cuenta que es la primera vez que se aprueba el uso (de emergencia) de terapias genéticas de ARNm; que Moderna, empresa creada para producir medicamentos ARNm y responsable de una de las dos “vacunas” más usadas, nunca antes había sacado al mercado un medicamento; o que Pfizer, la responsable de la “vacuna“ más vendida es una empresa que colecciona multas de cientos y miles de millones por sus prácticas mafiosas; por todo ello, sería lógico haber hecho lo que todo experimento sanitario requiere: consentimiento informado, receta, indemnizaciones por efectos secundarios,  seguimiento personalizado... Nada de esto se ha llevado a cabo.


Ahora -y no en el primer año de la pandemia, cuando los virus son más dañinos. Ahora, se dispara el número de personas que mueren repentinamente, la mortalidad infantil, hay una epidemia de cáncer nunca vista entre la juventud, así como un número impresionante de muertes por problemas cardiovasculares... Todos estos están reconocidos como posibles efectos secundarios de la vacuna (hay más de 200). Pero el tema es tabú, y mientras la gente cada vez se vacuna menos, desde el poder se asegura que “es el calor/cambio climático”, “los videojuegos", “dormir mucho”. El experimento genético, por supuesto, no es responsable de nada: ni siquiera existe.


martes, 11 de octubre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 66: Mad Max. Egoismo y anarquismo

EDITORIAL: La necesidad del egoismo


Ahora que el capitalismo del pánico está desmontando el chiringuito del Coronavirus/COVID de manera acelerada, y sustituyéndolo por otro basado en la carestía y el miedo al holocausto nuclear, no está de más recapacitar sobre aquello de lo que hemos sido testigos durante más de 2 años. Usando como chantaje moral el supuesto bien común sobre nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, se ha impuesto un apartheid a quienes no se vacunaban (el pasaporte Covid), a pesar de que las personas vacunadas también infectaban a otras, porque las “vacunas” no inmunizaban; se ha obligado a los niños a someterse a unas medidas demenciales para “no matar a los abuelos”, impidiendo el desarrollo normal de sus capacidades y debilitando su sistema inmunitario de manera grave; y además se les ha vacunado, a pesar de no ser grupo de riesgo, y a pesar de que el riesgo de sufrir efectos secundarios era mayor al de sufrir problemas por el virus mismo.


A la juventud, que tampoco era grupo de riesgo, se la ha sometido a una demencial campaña de mobbing mediático para romper su resistencia a vacunarse. Y a los ancianos, que si son un grupo de riesgo, se les ha convertido la vida en un infierno, mediante la combinación de una soledad forzada “por su bien”, que ha provocado el deterioro acelerado de sus capacidades cognitivas y ha llevado a que algunos hayan pedido morir mediante la eutanasia por no poder soportar una vida vacia y centrada en un terror constante.


Y ahora, tras más de dos años sometidos a este régimen de terror “por el bien común”, empieza a reconocerse lo que “no se podía saber”: que las empresas farmacéuticas no son de fiar, y menos aún Pfizer, la empresa que ha recibido la mayor multa de la historia por mentir, sobornar y verder medicamentos que no solo no valían para nada, sino que eran dañinos para los pacientes. Y que las supuestas vacunas no eran tales, ya que -como denunció The Lancet a finales de 2021- los test que habían realizado demostraban que ni impiden infectarse, ni infectar a otras personas, ni morir por el virus: de hecho, al final casi todo el mundo se ha acabado infectando, lo que demuestra una vez más que hay que tener cuidado con la soberbia de los “científicos”, que se creen capaces de domar a la naturaleza. Y, por si fuera poco todo esto, cada vez se conocen más efectos secundarios graves, que ya han provocado la muerte de miles de personas en occidente; y, debido a que las terapias genéticas con ARNm nunca se habían probado en seres humanos, está por ver que sorpresas nos deparan los próximos años. 


Pero lo peor de todo ha sido la condena colectiva del pensamiento crítico: cualquier persona que cuestionase medidas que eran irracionales, como las que eran mero “teatro pandémico”, han sufrido el rechazo general, y muy especialmente de la izquierda, movimiento anarquista incluido, convertidos de la noche a la mañana en defensores de un aquelarre de autoritarismo, obediencia al poder y defensa de dogmas indiscutibles surgidos de de las bocas de supuestos “expertos”, que nos decían era ciencia.


Por ello, y por los tiempos que se avecinan, es más necesario que nunca el egoismo, entendido como defensa de los intereses del individuo frente a las imposiciones de una sociedad crecientemente autoritaria, sumisa e irracional.


martes, 4 de octubre de 2022

Desde el Confinamiento, N°. 65: Pornografía y revolución

 EDITORIAL: El poder contra la pornografía


En una nueva vuelta de tuerca puritana, el Boletín Oficial de las Cortes Generales publicó el pasado viernes 27 de mayo una “Proposición de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, para prohibir el proxenetismo en todas sus formas”. Esta propuesta del PSOE pretende introducir un Artículo 187 en el Código Penal, cuyo punto 1 dice “El hecho de convenir la práctica de actos de naturaleza sexual a cambio de dinero u otro tipo de prestación de contenido económico, será castigado con multa de doce a veinticuatro meses”. Debido a su ambigua redacción, esta proposición podría utilizarse para ilegalizar todo tipo de producción de imágenes pornográficas en la que medie dinero.


El alcance de esta iniciativa va mucho más allá de las imágenes. Como señala la actriz porno Silvia Rubí, “lo único que haría esta ley es coartarnos la libertad de creación. Llegaría incluso a afectar a las editoriales. Si quiero escribir mis memorias, hablaría de pornografía, con contenido sexual y explícito. ¿Esto también lo van a prohibir?”. Ante las discusiones provocadas por su iniciativa prohibicionista, el PSOE ha asegurado que su objetivo es combatir la trata y no la industria del porno; pero la excusa de “combatir la trata” se ha utilizado recientemente para prohibir la prostitución en su conjunto, aunque el 85% de las prostitutas no tienen nada que ver con la trata, por lo que se puede esperar lo peor (ver revista Amor y Rabia Nº 71, Contra el estigma de la prostitución).


Esta persecución de la prostitución y la pornografía son nuevas señales de un creciente autoritarismo en occidente, que crece de manera paralela a la expansión imparable del puritanismo entre la izquierda. En todo esto se pone de manifiesto que la hegemonía de EEUU no es tan sólo financiera o militar, sino también cultural e ideológica. Desde la implosión de la vía autoritaria al comunismo y el fracaso del anarquismo en crear un discurso y análisis propio, la izquierda occidental se ha convertido de facto en una colonia cultural del Partido Demócrata de EEUU. Sus líneas básicas son fáciles de reconocer: eliminar la lucha de clases como base de cualquier análisis social, balcanizar la sociedad fragmentándola en grupos definidos por supuestas identidades interclasistas enfrentadas, utilizar constantemente el pánico (a una crisis económica, ecológica, nuclear, sanitaria, etc.) para imponer medidas que -sorpresa, sorpresa- siempre favorecen al Capital, combatir el espíritu critico con la excusa de la supuesta “falta de tiempo” para hacer frente a las “crisis” y, sobre todo, fomentar la censura y el mobbing contra toda disidencia. El final de la “sociedad del bienestar”, el Mundo feliz de Huxley, avanza hacia el 1984 de George Orwell con apoyo de toda la izquierda.